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A esta altura del año, la sensación de cansancio se hace cada vez más notoria. Pocas ganas de ir al trabajo, fiaca de salir de la cama por el frío... Duele la cabeza, molesta la espalda, pesan las piernas. ¿Frases conocidas? Seguro que sí. Un poco de cansancio es habitual y hasta normal en todas las personas. Pero la fatiga en exceso puede convertirse en una patología: la encefalomielitis miálgica (ENMI), también llamada “síndrome de fatiga crónica”, es una enfermedad nueva escondida, oculta y difícil de detectar. Existe desde siempre, pero sólo ahora empieza a estudiarse. Lamentablemente, suma cada vez más “adeptos”. Se caracteriza fundamentalmente por un cansancio extremo que suele prolongarse a lo largo de un semestre, no mejora con el reposo e impide seguir con la actividad, y por dolores en distintas partes del cuerpo. Es dos veces más probable en las mujeres que en los varones (aún se desconoce por qué) y se manifiesta en general entre los 25 y los 45 años de edad.

¡Cuidado! La depresión, las infecciones, el embarazo, el ejercicio y el estrés excesivo y extremo pueden producir la sensación de agotamiento. Esto no quiere decir que se trate de fatiga crónica. Cuando el cansancio puede ser aliviado con reposo y desaparece al cabo de un mes, no hay de qué preocuparse. De lo contrario, es importante consultar con un especialista.
Aún no se sabe qué la origina, pero se están estudiando diversas hipótesis, como alteraciones inmunológicas, neurológicas o endocrinas. Quien padece síndrome de fatiga crónica es una persona hiperactiva que, después de un cuadro gripal o de un período de estrés, súbitamente comienza a sentir un cansancio invalidante. No existe un análisis que pueda diagnosticar la fatiga crónica. Por eso, el diagnóstico se realiza por descarte de otras enfermedades con síntomas similares.


enfermedad social


Por estar comprometida la posibilidad de “hacer”, la ENMI es una “enfermedad social”, que se transforma en un verdadero problema por la incapacidad que sufre la persona para seguir cumpliendo con sus responsabilidades familiares, laborales y sociales. Las personas afectadas funcionan al 50% de sus capacidades.

¿tiene cura?
Para su tratamiento, se utilizan principalmente fármacos, antiinflamatorios, antihistamínicos, polivitamínicos y energizantes. Resulta esencial cuidar los hábitos de alimentación y realizar ejercicio físico.
Además del tratamiento sintomático, los especialistas aseguran que es importante la atención integral. Los objetivos básicos de un tratamiento apropiado deberían estar dirigidos a:

•Reducir los niveles de la fatiga y el agotamiento extremo.
•Disminuir la incidencia de síntomas neurológicos y cognitivos.
•Aliviar el grado de dolor.
•Mejorar los niveles de actividad.
•Aliviar los efectos y las consecuencias que provoca en el ritmo y el estilo de vida de la persona y de su entorno.
•Elaborar estrategias que permitan aprender a manejarse mejor con la enfermedad.
•Reducir los niveles de discapacidad de las personas con ENMI.