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sabores

Sobre mis platos
simples

Lo que Mi Señor Ludovico tiene sobre su mesa avergüenza mi vista. Cada plato es monstruoso... todo es cantidad. Ésta es la forma en que los bárbaros comían. Pero... ¿Cómo voy a convencerlo de que esto es así, cuando menosprecia mi plato de coles y no encuentra lugar sobre su mantel para mis ciruelas con zanahorias? Pues hay más belleza en una simple col, más dignidad en una pequeña zanahoria, que en doce de sus recipientes de oro apilados con carne y huesos. Hay más delicadeza en una vieja ciruela y más alimento en dos habas verdes. ¿Qué debo hacer para mostrarle esto a Mi Señor? La cualidad de la simplicidad es lo que Mi Señor tiene que redescubrir. No sólo él sino todos los habitantes de esta tierra. (...)

En lo que respecta a Mi Señor Ludovico, si desea un plato con carne y huesos, debe parecer eso y no una masa irreconocible sumergida en una salsa indestructible, sino trozos de carne limpia rodeados de huesos delicadamente acomodados. Pero en las cocinas de Mi Señor Ludovico hay hombres que ocultarían la forma y el sabor de cada una de las cosas puras que crecen sobre la tierra. Hasta que las cocinas de Mi Señor Ludovico puedan librarse de estos descendientes de los bárbaros o hasta que les pueda probar su equivocación e instruirlos acerca de la nobleza de una simple col, de una simple zanahoria o de un simple hueso sin adornar, la mesa de Mi Señor lucirá como hasta hoy.

Un hígado de vaca joven, finamente molido con un poco de gusto a salvia y pimienta. Se acompaña con pan o polenta.
“Hay más belleza en una simple col, más dignidad en una pequeña zanahoria, que en los recipientes de oro apilados con carne y huesos”.
Tres rodajas de zanahorias crudas con forma de hipocampo, con una alcaparra sobre cada una y gran cantidad de salsa de anchoas.
Una rodaja fina de cadera de ternera, del tamaño de la mitad de una mano, cubierta con salsa de tuna molida y crema, con otra rodaja igual sobre ella. Todo esto, acompañado por media docena de cerezas de Bérgamo.

Lo que yo llamo cerdo con huevo y pan. Rodajas de lomo de cerdo colocadas cerca del fuego (tres minutos y estarán cocidas). Si no, coloque las rodajas en una olla apenas untada con aceite y colóquela sobre la llama durante tres minutos, y luego cocine en esa misma grasa dos huevos de gallina sin la cáscara, hasta que las claras estén blancas. Acompañar este fino plato con un trozo de pan dorado en aceite de oliva con ajo.

Sopa de uvas Hierva juntas tantas uvas como tenga disponibles (no necesita agregarles agua, ya que contienen la necesaria). Luego páselas por el tamiz, bata algunos huevos y agrégueles un poco de miel, y ya está preparada su sopa de uvas. Mi amigo Gaudio Sporgere sostiene que este plato es un desperdicio y que no permitirá que sus uvas sean utilizadas así.

Gallina hervida rellena con uvas, con algunas zanahorias y una cebolla hervida junto con ella. Cuando esté cocida retírela y sírvala amablemente con trozos de nabo fritos y guisantes.

Sopa de alcaparras Hierva algunos puñados de frutas dulces frescas en caldo de cerdo y luego cuélelas a través de su cedazo. Luego diga las palabras Zuppa di Cappero (sopa de alcaparras) sobre ellas. De esta manera las alcaparras tendrán un sabor más agradable que si las hubiera hervido en el caldo de cerdo y así también el palto será inmediatamente identificado por sus invitados.

Un huevo de gallina duro, sin cáscara y con la yema ahuecada y mezclada con piñas y pimienta.

Un plato de espinacas hervidas y luego picadas. Sobre ellas un huevo escalfado y alrededor algunos huevos rotos con queso de búfalo.