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"Las mil caras de sophia


Por Cristina Miguens

El mundo editorial

No puedo decir que “desembarqué” en el mundo editorial de Sophia, aunque quedaría muy poético :literalmente, “en callé” en la revista. No tenía previsto llegar acá, ni llegué por el camino “oficial”, y en los hechos, no sabía cómo moverme. La crisis argentina y unaconjunción de otras razones hicieron que, imprevistamente, la revista y la decisión sobre su continuidadestuvieran en mis manos. Elnombre “Sophia”, la sabiduríatan buscada por lospueblos del Antiguo Oriente, de Egipto a la Mesopo-tamia; la sophia de los griegos que luego deviene en philosophia , yla de Dios, que se va revelando al pueblo de Israely, fundamentalmente, se encarna en Jesús, el rabino, Maestro de sabiduría , que enseña a sus discípulos con parábolas y proverbios. Además, habitualmente en la Antigüedad, la sabiduría había sido personificada en una mujer, la de los oráculos, las pitonisas , la diosa Máat de los egipcios, la que en la Biblia “es una amadaque se busca con avidez, una madre protectora, unaesposa nutricia y un ama de casa hospitalaria que invitaasu festín”. (1)

Sí, desde siempre, el Poder se indentificacon lo masculino y la Sabiduríacon lo femenino. Parecíaclaro que la Humanidad (y, tal vez, las mujeres en particular) la había perdido, y aunque el argumento fuera muy poco racional, me costaba mucho cerrar una revista femenina con ese nombre. Con la infinita paciencia de las chicas de la editorial fuiaprendiendo el ABC (no mucho más) del periodismo. Mis preguntas eran tan elementales que terminabanencarcajadas generales. ¿Volanta o copete? ¿Qué seríaeso? ¿La pauta? Más inexplicable. Cuando un juevesde “cierre”empecé a comerme todo lo que encontraba a mi paso en la redacción, las chicas estuvieron deacuerdo y unánimemente me dieron el título de perio-dista “honoris causa”. La mujer Sophia desde el primer día y durante todos estos años, consciente de mi ignorancia y convencida de la destrezaprofesional de la redacción, sólo tuve una preocupación:que toda la revista mostrara una mujer distinta de laque reflejaban los otros medios de comunicación (almenos los locales), frívola, superficial, consumista, víctima delas cirugías, esclava de las dietas y de lamiradade aprobación de los demás. Estaba convencida de que muchas mujeres argentinas eran mejor que esereflejo que los medios mostraban. La mujer Sophiayaexistía. No había que inventarla. El desafío eraencontrarla en la comunidad, lejos del cholulaje y la farándula, y mostrarla, ponerla en evidencia, contar sus historias para aprender de ella. Laslectoras se iban a reconocer. ¿Cómo era esa mujer? Una mujer profunda, humana–no un estereotipo de plástico–, inteligente para razonaren el mundo de las ideas e intuitiva para percibir consu alma el universo de los sentimientos;que cuida suaspecto exterior, pero no pierde la paz por unos kilosde más o por la llegada de las arrugas; que se quiere así misma, pero no pasa el día mirándose el ombligo nisu cara en el espejo;que se interesa por el planeta, pero sigue poniendo flores en su casa;que encuentraplacer en cuidar a los demás –los de su familia o losmás vulnerables de la comunidad– porque su sensibilidadasí se lo dicta;que trabaja y se gana su plata, perono vende su alma al diablo por un ascenso;que puedecompartir sus lágrimas y que contagia sus risas;que no depende de un varón para ser feliz, pero que le dala bienvenida a los que la acompañan en la vida, y que, acierte o se equivoque en sus relaciones, siempreestádispuesta a aprender y a crecer a partir del dolor. Pero, fundamentalmente, una mujer espiritual y creyenteque, como tal, elige valores espirituales y no materialespara orientar su vida y sus vínculos. La mujer Sophiaes una mujer que en algún aspecto essabia, pero no sólo porque aprende de la experiencia, sino porque tiene a Dios y, en las buenas o en las malas, se encomienda a Él. Porque la verdadera Sabiduríadesde siempre provino de Dios y no de los hombres, y sin Dios no puede existir Sophia. Transcurridos estos años puedo comprobar con alegríaque Sophiahoy es una revista reconocida en el mercado, que camina solita por los kioscos (es la única que nopertenece a ningún multimedia), que leen miles demujeres de 17 a 80 años de todo el país y del exterior–además de muchos maridos, padres, hijos, maestrosy religiosos–, y que fundamentalmente convoca y reúnea mujeres que se encontraron y se reconocen como amigas desde el alma. Escribir la vida Me emocioné. Es que desde que los sumerios inventaron la escritura cerca del año 2000 a. C. las mujeres casi hasta el siglo XX no escribimos nada sobre nosotras, nuestras vidas íntimas, dolores, errores y aciertos, aprendizajes y reflexiones personales. Hay poco y nadade vidas propias, testimonios escritos del mundo inte-rior de las mujeres en cuatro mil años de cultura. Esto, con la fatal consecuencia de que cada mujer que veníaalmundo debía empezar casi todo su aprendizaje desdecero, con apenas la tradición oral de sus abuelas, tíasy madre, o aceptar la cultura escrita de los varonesdesde sus valores y cumplir con los paradigmas de las heroínas imaginadas por ellos. Pensé en el pueblo de Israel, que empezó a escribir susleyendas y su historia en la Biblia alrededor del año 1000 a. C., luego de más de ochocientos años de tradición oral. Pensé en los mapuches, que, después demás de setecientos años, recién hace unos pocosempezaron a tener textos escritos sobre sus tradicionesy su cosmovisión. Pueblos “primitivos” que sólo en unmomento determinado de la historia acceden a la escritura para registrar su cultura. Y sonreí para mí misma. En la editorial tengo variosbiblioratos con cartas de lectoras, algunas verdaderamente geniales, muchas de ellas publicadas. La revista Sophia, en su afán de registrar las enseñanzas y lostestimonios de mujeres “sabias”, sin saberlo emprendióun caminito de hormigas. Ese que se forma con laacumulación, esta vez por transmisión escrita, de las abiduría que se oculta en el alma de miles de mujerescon historias mínimas. Y por cierto, también en la dealgunos varones. A todas ustedes, mujeres Sophia, lectoras, escritoras y entrevistadas, que todos estosaños nos dejaron en cada número tantas enseñanzas, va mi infinito agradecimiento y este impecable texto de la Sabiduría divina.

Llegué a conocer cuanto está oculto y manifiesto,
porque la sabiduría,
que todo lo hizo, me lo enseñó.
Pues hay en ella un espíritu inteligente,
santo, único, multiforme , sutil, ágil, perspicaz,
inmaculado, libre, inofensivo , amante del bien,
firme, seguro, sereno, que todo lo puede y a todo está atento,
que penetra en todos los espíritus, los inteligentes,
los puros y los más sutiles.
La sabiduría se mueve mejor que cualquier movimiento.
Y, a causa de su pureza, todo lo atraviesa y lo penetra.
Es un soplo del poder de Dios,
una irradiación pura de la gloria del Todopoderoso;por eso,
nada impuro puede entrar en ella. Es reflejo de la luz eterna,
espejo sin mancha de la actividad de Diose imagen de su bondad.
Es única y, sin embargo, lo puede todo;sin cambiar ella misma
, todo lo renueva;y al penetrar a lo largo de la historia en las almas santas,
las hace amigas de Dios para que hablen en nombre de Él,
pues nada es tan agradable a Dioscomo el hombre que vive con la sabiduría.
Ella es más brillante que el sol y supera a todas las estrellas;
comparada con la luz del día, es superior, porque a la luz sigue la noche,
pero a la sabiduría no la puede dominar el mal.

(1) Vocabulario de teología bíblica, de Xavier León-Dufour, Editorial Herder, Barcelona.

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