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Por Cristina Miguens
Hace
unos días cayó en mis manos el texto del
discurso que pronunció Bill Gates en la ceremonia
de graduación de Harvard del año pasado,
en la que le otorgaron un doctorado honorífico.
Aunque admite tener excelentes recuerdos de sus años
universitarios, hay algo que sí lamenta profundamente:
“Me
fui de Harvard sin una conciencia real de las tremendas
desigualdades del mundo: las horrorosas disparidades
en materia de salud, de riqueza y de oportunidad que
condenan a millones de personas a vidas sin esperanza.
Aquí, en Harvard, aprendí mucho sobre
ideas nuevas en economía y política. Estuve
en contacto con los avances que se estaban produciendo
en el ámbito científico.
Pero los mayores progresos de la humanidad no radican
en sus descubrimientos, sino en la forma en que esos
descubrimientos se aplican para reducir la inequidad.
Ya sea a través de la democracia, de una educación
pública sólida, de una asistencia sanitaria
de calidad, o de amplias oportunidades económicas,
reducir la inequidad es la más alta de las aspiraciones
humanas”. (1)
Gates destaca el momento único
que vivimos debido a las innovaciones tecnológicas.
El surgimiento de las computadoras personales de bajo
costo, sumado a Internet, ha dado origen a una poderosa
red global donde “mágicamente” se
aniquilan las distancias entre las personas y las mentes
más brillantes pueden trabajar juntas para resolver
un mismo problema. Nunca antes en la historia de la
Humanidad existió una oportunidad como ésta,
y por eso Gates convoca a los jóvenes a donar
parte de su tiempo y de su dinero para salvar vidas
y reducir la inequidad.
Casi al mismo tiempo se difundió
la noticia de que Red Solidaria había sido nominada
al Premio Nobel de la Paz, postulada por la UNESCO.
Red Solidaria fue fundada en la Argentina hace trece
años por Juan Carr y cuatro amigos, con el objetivo
de salvar al menos una sola vida. No sólo salvaron
muchas vidas. Además, colaboran con 230 escuelas
rurales, acompañan a pacientes trasplantados
o con sida, participan en la búsqueda de niños
y adultos perdidos, y abordan problemáticas sociales
como la violencia doméstica y las cárceles.
Hoy la Red Solidaria está
presente en 23 países y en 79 ciudades. Juan
Carr, actual director para América Latina, declara
que la esencia de la red, su motivación, es “la
cultura del servicio al prójimo, de la participación
y de la solidaridad”. Funciona sin jerarquías
ni oficinas. Más que una organización
es “un hecho cultural”, un nuevo modelo
de participación social. Sus integrantes están
felices, porque la nominación ya es un premio
y excede a los que trabajan en la red. Es un premio
a la cultura de la Solidaridad. (2)
la
caída de los paradigmas
Me quedé pensando en el
discurso de Gates. Un joven estudiante de ingeniería
electrónica de una de las más prestigiosas
universidades abandona sus estudios en segundo año
y sin título alguno funda Microsoft, una de las
empresas tecnológicas más innovadoras
y exitosas del mundo, lo que le permite acumular una
fortuna cercana a los 60 mil millones de dólares,
para llegar a comprender, a los 52 años, que
lo que quiere hacer es dedicar su vida a reducir la
inequidad en el mundo y ayudar a personas que, en sus
propias palabras, no tienen nada en común con
él, “salvo su humanidad”.
Bill Gates y Juan Carr, partiendo
de situaciones casi opuestas, uno desde la cima del
éxito y del poder y el otro sin nada, desde el
llano, en un país en desarrollo que ya anunciaba
la peor crisis económica de su historia, llegaron
a la misma conclusión: que trabajar por los demás
es la manera de dar un sentido trascendente a sus vidas.
De paso, echaron por tierra varios paradigmas:
1. El imperativo de acumular conocimientos y títulos
académicos de prestigiosas universidades para
alcanzar éxitos en lo profesional y lo económico.
2. La felicidad y la satisfacción ligadas necesariamente
a estos éxitos.
3. El egoísmo como esencia del ser humano, que
hace del interés el único motor para la
acción.
4.La necesidad de contar con estructuras de poder y
jerarquías (como formas de dominio y de control)
para el correcto funcionamiento de las organizaciones.
Estos ejemplos, como tantos que
leemos todos los días, hablan del profundo cambio
de paradigmas que se está dando en la Humanidad.
Millones de jóvenes (y no tan jóvenes)
ya no creen más que con poder y dinero alcanzarán
la felicidad, ni que el conocimiento pueda reemplazar
a la sabiduría. Entendieron que la inequidad
es la cuna de la inseguridad y la violencia, además
de la forma más primaria de injusticia. Por eso,
están desertando de las filas del materialismo
y el consumismo, para unirse a las de la espiritualidad
y la solidaridad.
los
hijos de dios en acción
Con todo esto ya podía estar más que contenta:
dos buenas noticias, y esperanzadoras, en medio de un
planeta en llamas. Podía terminar aquí
mi columna y ustedes, dar vuelta la hoja. Pero ya me
conocen: no puedo evitar mirar más allá
de la noticia y tratar de ver con “otros ojos”,
con los de la fe. Y claro, como no podía ser
de otra manera, ahí me encontré a Jesús
y sus palabras proféticas:
“Felices los que trabajan
por la paz, porque serán llamados hijos de Dios”
(Mateo 5, 9)
Trabajar por la paz es inherente
a la naturaleza de los hijos de Dios. Aquellos que trabajan
por la paz no sólo son felices, sino que serán
reconocidos como los hijos de Dios porque, al igual
que Jesús, “naturalmente” buscan
la paz y trabajan para ayudar a sus “hermanos”
con quienes sólo comparten “su humanidad”,
o sea, el Padre.
Mahatma Gandhi había formulado algo parecido
en su autobiografía:
“Yo había convertido el afán de
servir a la comunidad en mi propia religión,
pues sentía que sólo se puede alcanzar
a Dios sirviendo a los demás”. (3)
Desde cualquier religión
o desde ninguna, millones de personas a través
de la red global están trabajando unidas para
ayudar a sus prójimos. Este fenómeno,
que crece exponencialmente día a día,
es el signo visible de la acción de Dios que,
con una fuerza arrolladora, viene a rescatar a los más
pobres y humillados, a través de una red de millones
de “hijos” suyos que incansablemente trabajan
por la paz.
Jesús había anunciado el reinado de Dios
y su intervención al final de los tiempos para
establecer la paz y la justicia en el mundo. “Así
como el relámpago sale por Oriente y brilla hasta
Occidente, así será la venida del Hijo
del hombre” (Mateo 24, 27). No sé
a ustedes, pero a mí me suena que Internet se
parece mucho a un relámpago, y si lo que conecta
esa red informática global son millones de personas
trabajando para la paz, no sé a ustedes, pero
a mí me parece que debemos estar alegres y festejar:
el reino de Dios está cerca.
(1)Bill Gates, “Más
se espera de quien más ha recibido”, en
Criterio, agosto de 2007.
(2)Cynthia Palacios, “La cultura solidaria busca
el Nobel”, La Nación, 4/2/ 2008.
(3)Mahatma Gandhi, Autobiografía. Mis experiencias
con la verdad, Ed. Eyras, 1983. |