Contactenos
Quienes Somos
Nuestros Telefonos
 a solas

Fueron dos viajes. El primero significó para Juan (el padre) y para Fernando (el hijo), un aprendizaje: ver la vida con perspectiva. El segundo, la reconciliación con la propia historia, el poder llorar abrazados y curar heridas...

“Compañero de mis sueños”, así define Juan a Fernando, y con esa frase revela la piedra filosofal sobre la cual padre e hijo erigieron un vínculo especialísimo. “Nuestro mérito es haber generado situaciones para salir de la rutina. Y no es cuestión de dinero, sino de locura. La locura es gratis”.
Fernando era pequeño cuando con su padre se encerraban en el cuarto y, tirados en el suelo, desplegaban el mapamundi para dibujar un sinfín de rutas imaginarias. La preferida: aquella que los hiciera recorrer el mundo de punta a punta, de Ushuaia a Alaska.
“‘Pero, papá, ésos son sueños que siempre se dicen pero nunca se cumplen.’ Semejante muestra de cordura en un chico de catorce años fue un desafío a la locura de papá. ‘¿Que no se cumplen? Más vale que empieces a prepararte, porque el 2 de enero salimos’, le dije casi sin pensarlo. Y efectivamente, un avión nos dejó en Ushuaia, desde donde comenzamos a ‘trepar’ por el mundo con una mochila cada uno y un gorro que decía ‘de Ushuaia a Alaska’. Fue un viaje de un mes y medio, una experiencia extraordinaria. Para Fernando significó su despertar al mundo”.