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Santiago del Estero
Una tierra que vibra

Detrás de la tranquilidad de este pueblo, gente
que hace: la música que identifica al país entero
y los telares que atraviesan nuestras fronteras.

Ese calor sin pausa, el paisaje árido y el viento que levanta el polvo en estos patios de siesta larga son momentos típicos en Santiago del Estero. En esta provincia, varones y mujeres, gracias a esas postales de silencio, a ese andar tranquilo que permite la suavidad y la paciencia, siguen dedicados a los oficios más nobles, como el armado de instrumentos esculpidos en la madera y la confección de mantas y alfombras en telar.

En esta tierra de calma, las noches tienen el sonido de chacareras y zambas que inundan las peñas de los santiagueños, donde se recita el amor por su provincia y el dolor que provoca dejarla. El horizonte está en el corazón de su gente, amante de la música, de las tardes eternas bajo esas sombras que cobijan del sol abrasador.

La capital de esta provincia, la más antigua de Argentina, celebró los 450 años de su fundación. De allí, cuando los caminos llenos de tierras y nubes se andaban sólo a caballo, partieron las expediciones fundadoras de Salta, Tucumán, Catamarca, La Rioja y Córdoba.

Ahora, la época de gloria pareciera estar soplando en el viento, pero los santiagueños insisten en celebrar, con los cantos típicos de este lugar, entre el vino y las empanadas que van y vienen. Bombos, guitarras y unas ganas locas de querer cantar...

  Hacedor de guitarras


Fuera de las puertas de la casa de Javier Paz, el mundo pareciera rodar. Pero aquí dentro, el silencio gobierna y sólo se interrumpe por el ruido de estas guitarras, que sus manos de luthier arman y afinan. Entre aserrín, maderas y cuerdas, este hombre de 77 años, de pelo blanco y mirada larga, conoce los sonidos de las maderas, y es capaz de diferenciarlos como a los cantos de un pájaro. “Las maderas que mejor sonido dan son el jacarandá y la quina, que son para la guitarra de punteo de madera dura. Para acompañamiento se usa una más blanda, como el nogal o el algarrobo.” Javier lleva toda su vida conociendo árboles para poder lograr esos sonidos exquisitos que acompañan los bailes de las noches santiagueñas. Este luthier arregla violines, arpas, bandurrias y charangos y es un conocedor del pino, del abeto, de la caoba de Brasil, del arce, del jacarandá, del algarrobo, de la quina, del nogal... Cada una tiene su propio ruido y Javier Paz sabe encontrar el tono exacto que cada madera, por naturaleza, sabe ofrecer.



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