“Alcira, la
artesana del pueblo”

No fue a la escuela. No sabe leer y apenas reconoce
los números. Tiene la sonrisa fresca como
el agua del arroyo. Y en su pueblo todos hablan
de su sabiduría. Alcira López tiene
86 años y toda una vida dedicada a la alfarería.
Vive en Villa Carlos Paz desde hace treinta años,
aunque sus raíces están atadas a Traslasierra,
en los alrededores de Mina Clavero.
Se casó con Jesús López
a los 17 años y poco a poco fueron llegando
los hijos. Tuvo quince.
Los primeros años fueron muy duros. La pobreza
era real. Las necesidades se volvieron enormes y
urgentes. “Pero como la pobreza hace a la
habilidad... Si yo hubiera tenido plata no hubiera
comenzado con cerámica. Así fue como
empecé. Primero para las cosas de la casa
y después seguí...”, se sincera,
rodeada de plantas, en ése, su lugar preferido,
frente a su mesa de trabajo.
“Hacer la primera olla me costó una
barbaridad. Pero todo lo fui mejorando, había
que aprender para ganarse el pan”, cuenta.
No tenía opción. Había que
alimentar a una familia. Sin pensarlo demasiado
comenzó a fabricar su propio brasero para
poder cocinar. Agua, cuchillos, trapos y una piedra
de pulir fueron los utensilios que le sirvieron
para empezar. Después comenzó a transformar
la arcilla en platos, tazas, macetas, jarras, cántaros...
Los niños crecían. Y así, con
ese instinto nato de madre, se propuso sacar a sus
hijos de la pobreza extrema, y canjear sus cerámicas
por alimentos y ropa.
Poco a poco, los vecinos del pueblo comenzaron a
acercarse a su humilde casa, y ella, en su mesa
de trabajo y rodeada de sus plantas, recibía
los pedidos. Luego, detallista e ingeniosa, salió
a vender sus productos a los turistas que pasaban
por la ruta cerca de su casa. Y entonces, toda la
familia comenzó a ayudar.
Pasaron los años. Los chicos crecieron. Llegaron
los nietos y, también, los bisnietos. En
ese momento toda la familia se mudó a Carlos
Paz. Mientras los menores avanzaban en la escuela,
los mayores ayudaban a aumentar la producción.
Así, siempre en familia, empezaron a participar
en exposiciones tradicionales en Cosquín,
Entre Ríos, Rosario, Buenos Aires... Ahora,
sólo uno de sus hijos sigue con el trabajo
de alfarería y ella dice sin dudar que le
hubiera gustado que todos fueran alfareros. “Al
menos espero tener muchos años más
de vida para poder dejarle algo nuevo a cada uno
de ellos. Si Dios me presta años, pienso
seguir haciendo cositas”, concluye, mientras
hunde sus manos en arcilla fresca.
3.Alcira López,
una sabia que trabaja la arcilla.
“Hacer
la primera olla me costó mucho, pero
fui mejorando.
Había que aprender para ganarse el
pan”. |