Revalorizar
la vejez y unir tres generaciones: la posibilidad oculta
detrás del conflicto. La psicóloga Patricia
Tucci analiza el nuevo fenómeno.
Pensar
que cuando nuestros
hijos crezcan nos volvemos
libres es nada más que una
falsa creencia popular
Testimonio
Pude unir a mis hijos con su abuela, y mi carga
se alivio
"Hace
10 años, cuando mi madre quedó viuda,
recayó sobre mí, como hija única,
la responsabilidad de tener que ocuparme de sus
cosas. Enfermedades, obra social, pago de expensas
y un sinfín de etcéteras. Decidí
que lo mejor, y lo más fácil, era
traerla a vivir a mi edificio, aunque en otro departamento.
Pensé que así solucionaría
gran parte de mis problemas. La verdad es que terminé
más abrumada que antes. Yo tenía mi
vida muy organizada y ella rompía los esquemas.
Fue una etapa muy difícil, y para peor coincidió
con la entrada a la adolescencia de mis dos hijos
varones. Corría de culpa en culpa, sintiendo
que todo el tiempo postergaba cosas mías,
como ir a la peluquería o verme con una amiga,
para ocuparme de los chicos o de acompañar
a mamá, además de mi trabajo. Todas
las jornadas terminaban en un recuento de lo que
no había podido hacer.
Sentía que los chicos no tenían por
qué hacerse cargo de las cosas de su abuela.
No se me cruzaba por la cabeza pedirles que le hicieran
compañía. Me daba culpa pensar que
se podían aburrir o que a mamá la
podían fastidiar. Y me daba mucho miedo dejarla
sola.
Cuando mi hijo mayor se llevó francés
en el colegio se me encendió la lamparita.
Era más barato mandarlo a lo de mamá
que contratar una profesora particular. Para mi
sorpresa, lo que empezó como economía
de guerra se convirtió en un espacio íntimo
entre ellos dos. Sin pensarlo, dejé de sentirme
entre la espada y la pared y me convertí
en un puente entre esas dos generaciones. En la
responsable de ensamblar el pasado y el futuro de
nuestra familia.
Hoy le agradezco a la crisis la oportunidad que
me dio. Mis hijos y mi madre pasan más tiempo
juntos del que yo jamás hubiera soñado.
Me gratifica saber que mamá está disfrutando
de sus nietos, y viceversa, y que el día
que a mí me toque ser abuela, mis hijos les
habrán enseñado los suyos la importancia
del vínculo". Alejandra P. de Gal
(45 años)
Los
cambios en cifras
En los últimos años se ha prolongado
la adolescencia: la Organización Mundial
de la Salud estima el fin de la misma en los 26
años.
La expectativa
de vida se ha extendido hasta un promedio de 75
años (hombre/mujer); esto significa que los
ancianos alcanzan mayor edad, generalmente en mejores
condiciones de salud.
Estos dos
factores, sumados a la situación económica
desfavorable, se manifiestan en la dependencia tanto
de los abuelos (que no perciben una jubilación
que les permita ser autosuficientes), como de los
jóvenes (quienes, por falta de oportunidades
laborales, aún dependen de sus padres).
Y esto
convierte al sector económicamente activo
que va desde los 40 a los 55 años en una
generación sostenedora de otras dos.
Fuente:
Libro "Historia de la familia en la Argentina
moderna (1870-2000)", de la socióloga
Susana Torrado.
Artículo 266 del Código Civil: los hijos están
obligados a cuidar a sus padres en la ancianidad y en la enfermedad;
y deben proveerlos de sus necesidades en todas las circunstancias
de la vida. Esto comprende la obligación de dar alimentos.
Artículo 367: se deben mutuamente
lo necesario para la subsistencia, los ascendientes y descendientes
de grado más próximo y en mejores condiciones para
proporcionarlos.
Asesoró: Florencia Funes de Rioja, abogada.