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Hace
un año, cuando estaba de vacaciones en una
playa, me llamó la atención observar
la cantidad de gente que hablaba por celular. Se
comunicaban con una persona virtual, que no estaba
junto a ellos. Cada uno habitaba su propio mundito,
no era consciente de lo que sucedía alrededor,
de la posibilidad de encuentro con otros, del disfrutar
de lo simple, de la naturaleza, recuerda Paola
del Bosco.
Para la doctora en Filosofía, ésta
es la perfecta metáfora de la sociedad actual:
Las personas le temen a la gente de carne
y hueso, se refugian en lo virtual porque ahí
no se le ve la cara al otro y uno termina la conversación
cuando desea.
Opinar diferente es peligroso, abrir el corazón
hacia al otro es extraño y, además,
no hay tiempo que perder. Hay que hacer dieta, ponerse
la crema antiarrugas, salir a correr, ver la última
película, llevar a los chicos a computación...
Para muchos filósofos esta situación
representa el espíritu del posmodernismo,
un espíritu que se basa en el desencanto,
en la falta de esperanza. El hombre siente que no
tiene posibilidades de cambiar el mundo y ha decidido
disfrutar el presente con una actitud despreocupada,
donde su única motivación de la conducta
se encuentra en el placer. La cultura posmodernista
dicta que es posible vivir sin ideales y que lo
único importante es conseguir un trabajo
adecuado, conservarse joven y estar saludables.
En el desierto posmoderno todo es indiferencia,
las grandes finalidades se apagan pero a nadie le
importa un bledo, ésta es la alegre novedad,
denunciaba Gilles Lipovetsky en La era del vacío
años atrás.
¿Qué podemos hacer con esta cultura
del desarraigo? ¿Cómo es? ¿Dónde
nace? ¿Existe alguna manera de decir no?
Para Paola del Bosco, profesora de Filosofía
de la Universidad Austral. sólo el contacto
con el otro y su realidad pueden lograrlo.
¿Cuáles
son los típicos síntomas que nos avisan
que es necesario decir no?
La sensación de tironeo, de insatisfacción
permanente, de estar haciendo lo que todo el mundo
hace o lo que la sociedad exige, aquello que me
saca fuera de mí, la sensación de
una existencia externa.
¿Por
qué hay tanta insatisfacción?
Hoy no nos escuchamos, no nos comprometemos
con las cosas más chiquitas, ir a ver una
película que nos gusta, decir en voz alta
una idea que es nuestra por más que el resto
opine diferente, ir a un curso que nos permite aprender
algo nuevo. De lo chiquito a lo más grande
hay una imposibilidad de comprometerse con la realidad,
con algo que te llene la vida, que te haga sentir
que tus capacidades tienen un buen destino. Basta
ver a los jóvenes. Se entusiasman mucho cuando
se proponen situaciones difíciles. Por ejemplo,
cuando se alejan de la ciudad y resuelven situaciones
de pobreza extrema, donde les parece que las cosas
no están hechas todavía y hay espacios
para hacerlas. En esos contextos, están dispuestos
a aceptar la incomodidad. Lo mismo sucede con los
adultos; muchas veces los vemos pasar de una vida
fofa a una más comprometida cuando
ven que hay ciertas personas que están logrando
cosas en este mundo que para ellos parece de porquería.
Los adultos de hoy son totalmente funcionales. Durante
los cinco días de trabajo, se concentran
con seriedad en eso y los fines de semana, cuando
llega la hora de descansar, muchas veces se divierten
con cosas evasivas, llámese alcohol, deportes
riesgosos. Comprometerse con algo o alguien no resulta
una alternativa fácil de tomar para la gente
de hoy en día.
¿Hay
una corriente que nos arrastra?
Sí. Este mundo embota la capacidad
de responder porque te parece ya hecho, ya pensado;
está continuamente generando nuevas necesidades.
Vivimos un tiempo individualista en el que la gente
se encierra en sí misma y el otro molesta.
Recordemos la idea new age de hace algunos años
cuando te decían que no vale la pena acercarse
al otro si está triste o francamente agotado
porque tira mala onda. El ser humano que está
mal parece que no ha hecho los deberes, porque la
tarea consiste en lograr tu propio bien. Así,
el otro en vez de ayudarte te tira balas
o te tilda de inepto porque no sabés arreglar
tu vida solo.
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