DETRAS
del PAN
un
COMPROMISO
En
Villa Ballester, un matrimonio creó un hogar para
chicos que los capacita en el oficio de panaderos y les
ofrece una salida laboral. Lo que comenzó como un
sueño es hoy una fabrica.

Ana Beisa y su marido
Juan Von Engels nunca imaginaron que podrían llegar
tan lejos ayudando a los demás. Hace 20 años
fundaron el hogar Mis Alumnos Más Amigos (M.A.M.A).
Juan, que era el profesor de gimnasia del colegio José
Hernández de Villa Ballester, les propuso a sus alumnos
devolver a la sociedad algo de lo que la vida les había
dado: educación y una familia. Sus
alumnos se entusiasmaron y se pusieron a trabajar en pos
de su sueño: darle techo y una vida honrada a los
chicos que no tenían esta posibilidad.
Los comienzos no fueron fáciles. Como Juan y Ana
no tenían hijos, cedieron su casa y se hicieron padres
de los chicos que les iban mandando. La mayoría de
ellos contaba con una historia familiar turbulenta. Los
juzgados les pasaban los casos más difíciles
(padres asesinos, madres presas
), aquellos que no
tenían posibilidades de retornar a su familia de
origen. Sobre la base de mucha paciencia, amor y la ayuda
de psicólogos, pudieron salir adelante. Uno de los
inconvenientes se planteaba cuando los jóvenes debían
abandonar el hogar, ya que quedaban desamparados de la noche
a la mañana. Para evitarlo, y para que pudieran ganarse
la vida, se comprometieron a formarlos en el oficio de panaderos.
"Trabajar dignifica a las
personas, por eso creo que hay que capacitar y no simplemente
dar", sostiene Ana.
En 1997 se creó la panadería bajo la forma
de una cooperativa. Juan había trabajado en el mercado
panadero, lo conocía bien, y pudo transmitir sus
experiencias a los chicos.
Actualmente hay en la panadería sólo 24 jóvenes
egresados del hogar, ya que, por falta de recursos, la capacidad
de producción está reducida al 10%. En
sus instalaciones, podrían producir, entre otras
cosas, unas diez mil prepizzas por día de tomate,
cebolla y salvado. Además fabrican roscas,
budines, pan para hamburguesa, pan para panchos y superpanchos.
Distribuyen a los supermercados Jumbo, Norte, y para otros
más pequeños y a particulares.
Ana recuerda con cariño el caso de Hugo, que llegó
junto con sus seis hermanos menores y dejó el hogar
cuando era mayor de edad. "Aprendió a valerse
por sí mismo, sin bajar los brazos y con muchas ganas
de seguir capacitándose. Se casó y tuvo un
hijo. Trabajó en la panadería y luego quiso
estudiar periodismo", dice orgullosa.
Juan murió, pero Ana sigue con M.A.M.A.: el hogar
donde viven 22 niños, el comedor que alimenta a 70
familias y la panadería en la que trabajan los ex
"habitantes" del hogar.