Alain
Touraine
"Hoy
la mujer tiene la palabra"

Para
el prestigioso sociólogo francés, hemos
dejado atrás cinco siglos de dominación
masculina y estamos entrando en una sociedad de mujeres,
en donde ellas están reconstruyendo un mundo dividido.
Asegura además que no son las mujeres las que van
reduciendo las diferencias con los varones, sino que son
ellos los que se van pasando al modelo femenino.
Siempre polémico
y original, Alain Touraine, nacido en Francia hace 79
años, es considerado uno de los más importantes
sociólogos contemporáneos. Tuvo y tiene
una influencia de peso en las ciencias sociales latinoamericanas,
países que ha recorrido varias veces, y que conoce
muy bien. Autor de más de 20 libros (Crítica
de la modernidad, ¿Qué es la democracia?,
La sociedad postindustrial), se dedicó especialmente
a estudiar los movimientos sociales a partir del “mayo
francés” y los golpes de estado latinoamericanos.
Hoy, desde su reducto en la Escuela de Altos Estudios
en Ciencias Sociales de París (de la que es director
de estudios desde 1960), nos habla con pasión del
papel fundamental de la mujer en la reconstrucción
del mundo actual, enfocado en la relación hombre-mujer.
La defensa comienza con una frase provocativa: “Hoy
la mujer tiene la palabra”.
–Si hoy
la mujer “tiene la palabra” ¿Quiere
decir que dejamos atrás una larga mentalidad machista?
–Así es. Hemos entrado en una sociedad de
mujeres, después de haber vivido cinco siglos en
una sociedad de hombres. En esta nueva sociedad, en este
nuevo ambiente cultural –a pesar de que en ciertos
lugares son todavía dominadas– las mujeres
juegan más y más un papel importante.
–¿Cómo
lo nota?
–En que después de muchos años de
enfrentamientos, hay hoy una comunicación, una
unidad entre hombres y mujeres. Respetando sus diferencias,
hoy la sociedad se está recomponiendo gracias a
la comunicación y la reconstrucción que
es obra de las mujeres, que han tomado un papel activo
en eso de superar las antiguas discusiones. Hoy se acepta
sin dificultad, que hombres y mujeres son semejantes como
seres que piensan, trabajan y obran racionalmente. Y también
que son diferentes biológica y culturalmente, diferentes
en la imagen que tienen de sí mismos y del otro.
Una investigación de la socióloga Simonetta
Tabboni en Italia –especialmente sobre mujeres jóvenes–
demostró que las mujeres de hoy ni siquiera se
preguntan si tienen que elegir entre la vida profesional
y la vida personal, como sus madres o abuelas. Hoy viven
naturalmente las dos cosas.
–¿Esto
es aceptado fácilmente por el hombre?
–Los hombres se sienten limitados a su vida profesional,
y cuando intentan combinar estas dos vertientes –la
vida personal y la profesional– no tienen más
remedio que recurrir al éxito de las mujeres. Porque
el hombre no tiene modelo propio para proponer. Es decir,
como la masculinidad se construyó sobre la dominación
de la feminidad, hoy los hombres tienen grandes dificultades
para inventar su propia personalidad. Entonces, o tratan
de imitar a las mujeres, o viven muy mal sus propias dificultades.
A tal punto son prisioneros de su antigua posición
dominante como hombres. Además, los hombres antes
tenían todas sus esperanzas en la vida profesional,
y ahora se sienten prisioneros de ella.
La
nueva mujer
–¿Por qué cree que no se produjo
este cambio mucho antes? ¿Por qué duró
tanto la polarización?
–Esta polarización se manifiesta durante
la revolución industrial. Por un lado estaba el
POLO CALIENTE, donde los hombres concentraron capitales,
desarrollaron técnicas, intensificaron la lucha
entre los opresores y oprimidos, encerraron a las mujeres
en una vida privada mantenida bajo control, colonizaron
continentes enteros, e hicieron más profunda la
diferencia entre este polo caliente, y el POLO FRÍO,
el polo de la inferioridad: obreros, niños, colonizados
y mujeres. Lo importante no es que las mujeres fueran
consideradas inferiores, sino que la femeinidad equivalía
a inferioridad. Esto creó gran tensión.
Y los inferiores empezaron a levantarse, a protagonizar
movimientos de liberación. En el siglo XX, fundamentalmente
las mujeres. Pero durante mucho tiempo, estuvimos dominados
–y todavía lo estamos en parte– por
la imagen arrogante de imperios coloniales, de burguesías
conquistadoras, y de hombres que excluyen a las mujeres
del espacio público. Todavía estamos tratando
de que terminen las dominaciones abusivas, de liberar
a los dominados, de prestar oídos a las minorías.
Pero es en el área de la mujer donde más
se ha avanzado: hay deseo de unidad, de reconstrucción
de las sociedades fragmentadas, iniciado por ellas. Esta
nueva mujer viene después de la destrucción
del mundo polarizado.
–Pero
todavía no acceden a puestos de importancia en
la política.
–La política ya perdió todo prestigio.
Por lo menos en Francia. Es un caso típico de cómo
lo masculino ha perdido influencia. Hoy es clave la comunicación.
Y si está en manos de mujeres, es posible que se
rompa más rápido esa antigua polarización.