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 a solas
entrevista

"Eligió dar, antes
que ser exitosa"

La reconocida pianista lyl tiempo fue niña prodigio y es hija de artistas consagrados. pese a que su camino a los escenarios internacionales estaba marcado, prefirio dedicarse a enseñar a los chicos, como forma de reparar lo vivido en su infancia.

Pudo haberse dedicado a dar conciertos en el mundo entero. Pudo haber elegido subirse al escenario y despertar aplausos. Recibir premios y reconocimiento público. Pero Lyl Tiempo, una pianista de raza, hija de los célebres Antonio de Raco y Elizabeth Westerkamp y amiga personal de dos grandes, como Daniel Barenboim y Martha Argerich, prefirió enseñar y especializarse en chicos de tres y cuatro años. Sus dos hijos y alumnos, Karin Lechner y Sergio Tiempo, fueron niños prodigio (empezaron a estudiar a los dos años y medio) y hoy figuran entre los más destacados pianistas de su generación.

Precoz y entusiasta, Lyl cantaba y tocaba el piano antes de aprender a hablar. Comenzó a enseñar a los 8 años, a los 12 tocó el concierto para tres pianos de Mozart junto a sus padres y a una orquesta, y a los 14 ya tenía varios alumnos. "Cuando era niña, mi talento musical me permitía entender, oír internamente la música con gran claridad", explica. De grande estudió psicología y, si bien no terminó la carrera, aplicó lo aprendido en la creación de metodologías "inusuales" para la formación de los niños.

Antes de sentarnos a conversar, improvisa con el piano una música que inventa en el momento. Dice que así transmite lo que siente sin palabras. Empieza triste y poco a poco va alegrándose hasta fundirse con la Marsellesa y terminar con nuestro Himno Nacional. Me lo dedica porque yo le traigo recuerdos de gente que conoce y que, como ella, vive fuera del país. Es emocionante.

—¿Cómo es criarse rodeada de música?
—La música es un aspecto indivisible de mi personalidad. Está dentro de mi sensibilidad, está escrita en mi corazón, presente en mi cabeza. Cuando uno nace en un ambiente musical, el oído se agudiza. A partir del quinto mes de embarazo, el feto escucha. Además, la madre le transmite desde su panza la emoción que siente con la música. Lo que acabo de tocar en el piano salió solo. Así brotan mis sentimientos. A mí misma me sorprendió expresarte lo que te expresé recién.

—¿En qué momento decidiste que querías formar niños?
—Cuando era chica, los sistemas para enseñar eran rígidos, arcaicos, destructivos. Los profesores de la época no tenían el respeto ni el interés para considerar lo que yo necesitaba. Entre tanta exigencia, fui buscando la forma de acercarles a los chicos la música placenteramente. Si yo hubiera tenido una profesora que me acercara a la música como yo lo hice con mis alumnos, hubiera sido más feliz. Concentré todo mi trabajo en atender con esmero cada personalidad, para que se desarrollara de acuerdo a las posibilidades únicas e intransferibles que tiene. Cada encuentro con un niño es una fuente de placer infinito, de diversión y creatividad total. Cada uno me propone algo diferente. Esto me permite reparar lo vivido. Es un sentimiento de construcción muy hermoso.

—¿Hubo algo en tus padres que no quisiste repetir en tus hijos?
—Sí. Absolutamente. Sentí que no tuvieron mucho tiempo para dedicarse a mí ni a mi hermano. Estaban muy ocupados. Es probable que yo me sienta tan atraída por los niños porque hubo una niña abandonada dentro de mí. De grande y por mi sobreexigencia busqué entregarme a mis hijos. A pesar de que trabajé mucho pude dedicarme a ellos, no sé si todo pero casi todo lo que me necesitaban. Creo que ellos se sienten amados y atendidos por mí. Eso es enormemente reparador, de una generación a otra.

Familia de artistas precoces

Lyl nació en Buenos Aires, se casó con Jorge Lechner, pianista maestro interno del Teatro Colón, director de orquesta y abogado, y tuvieron a su hija Karin, quien hizo su primera aparición pública a los 5 años, su debut con orquesta a los 11 y a los 13 grabó su primer disco y tocó en el Teatro Colón. Poco después se separó y se casó con Martín Tiempo, diplomático y pianista de jazz. Vivieron en Caracas, donde nació Sergio, quien a los 4 años dio recitales en Londres, a los 7 en Francia, y debutó como solista a los 14 en Amsterdam. De Venezuela partieron a vivir a Londres. Después, los chicos vivieron en París y Holanda, y años más tarde se reencontraron todos en Bruselas, donde viven hoy, repartidos entre sus conciertos y presentaciones por el mundo entero y su amor por la Argentina.
. “Transformamos todo lo que nos pasaen una ópera”. 2 Lyl improvisa en su departamento de Buenos Aires. 3 Un poster promociona la obra de Lyl y sus hijos. 4 Sergio Tiempo y la famosa pianista Martha Argerich en el Teatro Colón, durante el último Festival Argerich, donde tocaron a dos pianos La Valse de Maurice Ravel. 5 En Bruselas, donde viven, Karin Lechner y Sergio Tiempo con su madre, Lyl.

"Es muy probable que la humanidad civilizada
sea la especie viviente que lleva la vida más
desgraciada. Es probable, también, que la risa
y las ternuras refinadas (tal vez también el
placer de la música) del animal llamado
hombre civilizado constituyan la compensación."
Macedonio Fernández.
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Para los chicos:
la enseñanza inusual

"Es importante que los niños tengan un aprendizaje inusual", afirma Lyl. "Cuando mis alumnos se preparan para sus conciertos, los hago tocar tantas veces como les parezca necesario. Cada vez que repiten su obra les pongo un puntaje. El que gana no es el que se saca un 10, sino un 0. Es decir, 0 errores. Esto no quiere decir que el día que tocan en público se sienten mal porque cometen un error. Todo lo contrario. Mientras más 0 han acumulado en los ensayos, más seguros se van a sentir frente al público. Pero el verdadero logro no es el 0, sino sentirse feliz de transmitir esa música a los demás. Se pueden equivocar, pero un error no va a interrumpir su música. El proceso educativo los modifica: he visto alumnos tímidos transformarse en desinhibidos, inseguros en autónomos, exaltados en aplomados, dispersos en concentrados ".


Lyl y Natacha, su nieta