Sylvette Badessich
Artista,
aventurera y sabia

A los 78 años, esta pintora,
escultora, madre, maestra y tantas cosas más aprendió
que cada circunstancia de la vida puede dejar una profunda
enseñanza. Vivió en el Sur y ahora está
en Los Angeles. Enviudó, se enfermó, se desprendió
de todo y jura que es feliz.
Sylvette Badessich es
una pintora y escultora, pero sobre todo es una mujer profunda
y comprometida con las realidades que le toca vivir. Su
vida fue y es cambio permanente. Nació y se crió
en City Bell, cerca de La Plata. Más tarde se enamoró
y vivió en Villa La Angostura, donde es una de las
más antiguas habitantes. Hoy, viuda y cerca de uno
de sus tres hijos, vive en Los Angeles, con una grave enfermedad
del corazón, “las valijas listas para partir
cuando lo dispongan”, y muy feliz de estar viva.
Fue de aquí para allá, tuvo mucho y tuvo poco,
estuvo acompañada y estuvo sola, supo ser desapegada
y supo echar raíces. Las circunstancias la fueron
llevando de lugar en lugar y ella –todavía
hoy, a los 78 años– siempre aprende algo. Pone
el alma adonde le toca estar.
De
su niñez recuerda que “me quedaba horas en
el jardín, modelando la tierra, creando formas. Era
solitaria, soñadora. Amaba el perfume de las flores,
la tierra y el sol”. A los 27 se casó con un
hombre 35 años mayor que ella, el reconocido médico
Mariano Barilari, fundador de la medicina psicosomática
en la Argentina, amigo de Freud, de Adler y de Jung, y artista
plástico. Con él se fue a vivir a Villa La
Angostura. No pasaban inadvertidos en la ciudad, ya que
su hogar se convirtió en la cuna de los intelectuales
y artistas de la época, como la Camerata Bariloche,
Irma Constanzo, Pompeyo Camps o Zdenko Bruck. Tocaba el
piano, convocaba a los músicos y a los vecinos, vivía
a puertas abiertas. Y quiso conocer a fondo la historia
y la gente del lugar. Sylvette se conectó con los
mapuches y de ellos aprendió algo que hizo carne
propia: “La fuerza vital que tienen, la capacidad
para permanecer más allá de millones de intentos
de devastación. No son seres racionales, sino mágicos.
Acceden por instrospección a un mundo sobrenatural,
sin drogas. Hacen viajes con su imaginación. También
aprendí el despojo, el amor por la tierra, el pensar
en comunidad”.
1. Sylvette, en su casa
de Villa La Angostura, rodeada de todo su arte. 2. y 3Su
colección “Mundo Mapuche” refleja el
amor que siente por esta cultura, de la que aprendió
el amor por la tierra y que es mejor vivir despojada de
lo material.